Un día en la playa

El sol acariciaba su rostro

aquel reflejo incesante que le daba calor

lo cubría plácidamente,

intentando que aquellos ojos vieran lo que había enfrente.

Era aquel lugar

observaba las olas pasar,

las gaviotas volar,

y sentir que era más de lo que podía imaginar.

De repente, el sol empezaba a esconderse,

era esa nube gigantesca

que lo hostigaba a estar tras ella,

tal vez por celos de la estrella nocturna.

Al ver que el último reflejo de luz se iba

el hombre decidió levantar su rostro

de esas suaves piedrecillas que lo cubría,

ya era tiempo, tiempo de empezar aquel día.

             L’ AURA 

 

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